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REFLEXIÓN PARA 20 DE ENERO DE 2008 – Celebración de la Apertura de los 150 años

Lecturas:  Cantar de los cantares 8:6-7
                  1 Corintios 1:26 - 
                  Mateo 13:44-46

 ¿Continuará la vida religiosa?  ¿Qué es nuestra identidad?  ¿Por qué hay una carencia de vocaciones a nuestra manera de vida?  ¿A dónde vamos?…..Éstos son unos de los sentimientos corrientes sobre las muchas congregaciones de religiosas en los Estados Unidos.  En una presentación durante la Conferencia LCWR Nacional 2007, Lynn Levo habló de la vida religiosa de hoy como si estuviera en  “ningún lugar entre algún lugar y otro lugar.”  Tenemos nuestro pasado, que según nuestro libro Ordinary Sisters es bastante extraordinario. Y sabemos que hay un futuro aunque no sabemos cómo será ni cómo se hará.  Durante este tiempo de ningún lugar, esperamos un llamado, una visión, un sueño.  Seguramente vendrá. Seguramente, siempre ha estado parte de nuestra vida.

Sin embargo, dudo que pudiéramos estar cómodos en el ningún lugar.  Después de todo, sabemos sobre el tesoro, la perla de gran valor.  Participamos en la posesión de ese campo para poder proteger el tesoro para promover el reino de Dios.  Al mismo tiempo creo que tenemos, a los 150 años, simplificado y complicado lo que está enterrado en nuestro campo.  Nuestros fundadores y antecesoras sabían del tesoro, como nosotras de hoy. Se guarda adentro, tanto individual como colectivamente.  Es aquella pasión para vivir el Evangelio, la pasión para misión.  Es una pasión que nos llama a relación más profunda con Dios y con los demás.  Es esta pasión que nos mantiene conscientes de que tener el tesoro en nuestro campo no significa que somos las únicas propietarias, que podríamos tenerlo fuera del alcance de otros, que lo tenemos sólo para nuestro bien.  Si seguiríamos tal rumbo, la comunidad de veras morirá.  Nuestras vidas, nuestra pasión, nuestro propósito último es difundir el reino de Dios.

 

Con frecuencia recuerdo algo que me pasó cuando era directora de una escuela primaria.  Como parte de la liturgia, los niños rezaban reverentemente con ademanes para alabar a Dios. Después de la misa una madre de familia llegó a la oficina muy enojada y me dijo que si en otra ocasión lo haríamos en la misa retiraría inmediatamente a sus hijos de la escuela.  Le dije que la próxima vez que lo hacemos le voy a avisar para que sepa con tiempo o no tendrá que causar vergüenza a los hijos.

Pasaron meses – en silencio.  Entonces un día llegó esa señora a mi oficina y dijo que me debía una disculpa.  Dijo estas palabras…"He anhelado desesperadamente que mis hijos crecieran con las mismas tradiciones que tenía yo. Después de mucho pensamiento y oración me di cuenta de que mi tradición ya no existe, y si prohíbo a mis hijos estas experiencias, no tendrán nada."

Nosotras, como comunidad, estamos apasionadas por nuestra posición sobre la no violencia.  ¡Quién declararía que la violencia es cosa buena!  Como millones del mundo hemos pagado el precio por los actos de violencia.  ¿Cómo podemos ser promotoras de la paz y la reconciliación? ¿Cómo Dios nos llama hoy?

Tenemos nuestra declaración sobre el rol de la mujer tanto en la Iglesia como en la sociedad.  Estamos apasionadas en nuestro deseo por la inclusividad y la mutualidad.  ¿Cómo podemos ser más intencional en nuestros esfuerzos en facilitar la misma cosa que hemos querido, de ser la voz por los que no tienen voz, de pararnos recto para lo que creemos sabiendo que otros muy cercanos piensan y creen diferente?  ¿Cómo Dios nos llama hoy?  ¿Estamos listas?

Entonces, mientras iniciamos la celebración de nuestra herencia en las vísperas de la festividad de Sta. Inés, se llenan nuestros corazones con asombro, con un profundo agradecimiento a Dios y a cada persona que ha caminado con nosotras de cualquier manera sobre los últimos 150 años.  Cada mujer, hombre, o niño, cada situación es un hilo en la fábrica, el tapiz bello de CSA.

Más que tratemos, no podemos imaginar la vida de las varias generaciones de hermanas.  Aun hoy, al oír de los peligros de las temperaturas bajas de estos días no dejo de pensar en Padre Rehrl caminando por millas en el monte con un abrigo gastado y un pretexto para zapatos para llevar el amor de Dios a la gente.  Pienso en Madre Agnes preocupada por las finanzas y el bienestar de las hermanas, y al mismo tiempo consciente de las necesidades del pueblo respecto al cuidado de salud, educación y otras inquietudes.  Además de las demandas de su llamado al liderazgo, la imagino en el cerro de Marytown atendiendo a las necesidades allí.  A veces me pregunto qué hubiera sucedido si Padre Francis, con el peso de muchas tareas, no habría bendecido la comunidad con sus percepciones y capacidad de crear una constitución aceptable.  En mi corazón tengo una grabación de las vidas que han sido nuestra vida.  Cada uno de ustedes, hermanas, asociados, amigos son los tesoros del corazón, y les damos gracias.

Hoy celebramos un LLAMADO, un SUEÑO, una VISIÓN…que seguramente vendrá.

Julia Wiegerling, CSA

 

Para Padre Rehrl el sueño, la visión, no fue tan espectacular como vemos las visiones en el televisor.  No tuvo planes ni mapa para guiarle.  El LLAMADO le vino como una compulsión de hacer algo, cualquier cosa necesaria para traer Dios a la gente, a los más pobres de los pobres. 

Sentimos esa clase de motivación en la primera lectura de hoy…Guárdame como un sello en tu corazón... Un amor tan fuerte … una pasión tenaz…. Y más, las aguas embravecidas no lo ahogan, ni torrentes lo llevan.  ¿No fue tal amor que devolvió a Clara Rehberg unos meses después de haber salido de la comunidad, aparentemente desilusionada por las privaciones y dificultades que el pequeño grupo tenía que aguantar?  ¡Amor…más fuerte que la vida! ¿Tenía Mary Hazotte una idea después de responder a la invitación de una amiga, que iba a dirigir por 41 años a la comunidad que entraba?  ..una pasión feroz   Cuando Francis Haas trajo el carisma de los franciscanos capuchinos a Norteamérica, ¿imaginó que iba a ser responsable por la vida espiritual de CSA también?  ..como un sello en tu corazón. 

En su carta a los Corintios, Pablo nos invita a considerar nuestro propio llamado, notando que no tienen nada que ver con QUIÉNES seamos, tan IMPORTANTES seamos, tanta INTELIGENCIA tengamos, ni tanto dinero que haya tenido la familia. Hay cosas más grandes que todo eso – cosas de valor verdadero que bendicen nuestra historia, cosas que no son para alabarnos excepto por reconocer que Dios trabaja por medio de nosotros.  Dios nos da lo que necesitamos.